"Ahora en mi arrepentimiento, os contaré una historia que me pasó.
Todo comienza hace una par de años o tal vez dos, no sé exactamente, yo estaba en el patio de mis tíos. Aquella noche era especial porque al ser agosto en el cielo estaban “las lágrimas de San Lorenzo; vi varias, pero una piedra enorme dejó una estela azul, y pedí un deseo. Era poder tener un millón de deseos.
Al día siguiente, a la misma hora, pasaron un millón de estrellas fugaces."
Alejandro Reguera Álvarez 2ºC
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